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Antes de entrar en escena, David Copperfield pide a la audiencia
que cierre los ojos y que imagine que puede ser transportada a otro
lugar de forma instantánea. Desde el momento que sube al
escenario, este maestro ilusionista y su imaginación hacen
el papel de maestro de ceremonias, transportando a la audiencia
a muchos y variados lugares mágicos, donde las personas pueden
romper el acero y los números de lotería son adivinados.
Acostado bajo un grueso bloque de metal, con pequeños agujeros
en las esquinas, por los cuales sólo Lara Flynn Boyle podría
caber, David Copperfield es cubierto, junto con el bloque, por una
manta negra... La próxima vez que lo vemos está parado
sobre el bloque quitando la manta negra.
Pidiendo a una mujer de la audiencia que tenga a su hijo, Copperfield
la ayuda a subir al escenario. El gracioso artista nacido en New
Jersey nos lleva a través de la concepción hasta la
elección del nombre del nuevo bebé. Desde sacar un
tarro de ajíes y un cono de helado de una pequeña
maleta para satisfacer los antojos de la mujer embarazada hasta
adivinar el nombre elegido para el bebé por un miembro de
la audiencia que lo escribió en una pizarra.
Copperfield hizo realidad su sueño de ser mago y usando
sus habilidades logró cumplir el sueño de su abuelo
de ganar la lotería y comprarse su auto favorito.
Luego de que la audiencia elige números al azar y comparte
detalles personales con el mago, Copperfield abre una caja que estuvo
durante todo el espectáculo sujeta en el aire sobre la audiencia,
y que contiene una cinta de audio con los números elegidos
por la audiencia. Y para agregar más efecto a la ilusión,
dos de las matrículas de su abuelo son sacadas de la caja
con los mismos números elegidos por la audiencia.
Copperfield elige totalmente al azar a los miembros de la audiencia
usando distintos métodos, como ser el arrojar un Frisbee,
pequeñas esferas o grandes pelotas a la audiencia, demostrando
de esta forma que ninguno de sus actos es arreglado con miembros
de la audiencia contratados.
Para su último acto, el hombre que atravesó la pared
de la Gran Muralla China e hizo desaparecer a la Estatua de la Libertad,
elige como ayudantes a media docena de personas de la audiencia
como voluntarios para sentarse en una plataforma alta. Luego de
unos minutos en los que la plataforma es cubierta por un gran manto
negro, los voluntarios desaparecen y reaparecen en los lugares
menos pensados.
Sin importar si hace aparecer un pato en un balde sujeto por un
espectador, o hacer que un mortal escorpión elija la carta
seleccionada por un voluntario o que se transporte a sí mismo
y a un ventilador a una playa de Hawai, Copperfield vive su sueño
en el escenario cada noche, y demuestra que si lo podemos imaginar,
todo es posible.
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